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Dossier: Lesiones músculo-esqueléticas

Las estadísticas señalan de forma unánime que las lesiones músculo-esqueléticas son el principal problema de salud relacionado con el trabajo para los trabajadores y las trabajadoras europeas.

Esta realidad no suele llegar a los Juzgados de lo Social de nuestro país con la excepción de las lesiones que se producen de forma traumática en el lugar de trabajo y que, en virtud del art. 115.3 de la Ley General de Seguridad Social, se deben reconocer como accidente de trabajo. La evidencia estadística no ayuda demasiado a quien tiene que demostrar, caso por caso que esa lesión músculo-esquelética que sufre ese trabajador se la ha ocasionado su trabajo. Diversas dificultades complican el procedimiento: faltan instrumentos médicos para objetivar el alcance de la lesión y la intensidad del dolor, son lesiones que en principio se consideran dolencias menores, no suelen estar asociadas a una causa única ni exclusivamente laboral, se produce poco a poco como resultado acumulativo de pequeñas exposiciones repetidas a lo largo del tiempo...

¿Cómo superar estos obstáculos?

Proponemos tres lineas diferentes:

  • Lograr el máximo reconocimiento posible de lesiones músculo-esqueléticas como enfermedades profesionales con el fin de aumentar la visibilidad social del problema.

  • Solicitar judicialmente una indemnización adicional, distinta e independiente de las prestaciones de seguridad social, cuando se produzca una lesión músculo-esquelética de origen laboral.

  • Promover el cambio de puesto de trabajo de los trabajadores afectados, con independencia de seguir reivindicando la mejora del mismo

Reconocimiento del origen laboral

En primer lugar, habrá que comprobar si la patología diagnosticada está en el Cuadro de Enfermedades Profesionales.

Si no está en el Cuadro, hay que intentar que sea reconocida como accidente de trabajo de acuerdo con lo previsto en el art. 115.2.e) de la Ley General de la Seguridad Social respecto a las enfermedades contraídas «por el trabajador con motivo de la realización de su trabajo, siempre que se pruebe que la enfermedad tuvo por causa exclusiva la realización del mismo».

Dada la inespecificidad de estas lesiones, el término «exclusiva» nos complica mucho la vida. Sin embargo, hay formas de salvar el obstáculo. Algunas sugerencias:

  • Comprobar si la evaluación de riesgos de la empresa contempló el riesgo de sufrir lesiones músculo-esqueléticas en el puesto de trabajo que ocupa nuestro trabajador/a.
  • Si lo anterior no da resultado, recurrir a una pericial. El perito debe mantenerse muy firme en lo esencial: «estoy seguro al 100% que ese trabajo puede producir esa lesión». Sobre si la produjo en el caso concreto debería limitarse a estimar esa probabilidad.
  • Observar y documentar si la dolencia remite o mejora fuera del ambiente laboral (fin de semana, vacaciones). Esto permite probar que, entre las muchas causas posibles, el trabajo es la más probable.
  • Recoger datos epidemiológicos: si en el colectivo de trabajadores expuestos al mismo riesgo tenemos una significativa prevalencia de esa patología es más fácil suponer que la lesión se debe al trabajo.

Argumentación:

a) Hemos probado que hay lesión (diagnóstico).
b) Hemos probado el potencial efecto lesivo del trabajo, (evaluación de riesgo y/o pericial médica).
c) Hemos aportado indicios de la relación causa-efecto (remisión de síntomas fuera del trabajo, datos epidemiológicos significativos y/o estimación de probabilidad del perito).

No se nos puede pedir una prueba negativa (prueba diabólica): no nos corresponde probar que la lesión no se debe a factores que no tienen nada que ver con el trabajo. Eso debería probarse de contrario.

La indemnización por el daño

Las prestaciones de seguridad social son compatibles con una indemnización por la pérdida de salud, o de calidad de vida, que se puede reclamar al empresario. Para ello, además de probar la relación causa/efecto (como en el supuesto anterior), tenemos que probar la culpa o negligencia del empresario.

Esta prueba de culpa o negligencia depende mucho de la casuística. Interesa probar que se conocía el riesgo y no se actuó, que se podía haber prevenido el daño y no se hizo.

Hay una línea jurisprudencial anterior a la Ley de Prevención de Riesgos Laborales que recoge una especie de responsabilidad objetiva del empresario en estos casos. En la misma línea, muchos comentaristas, al glosar el deber de seguridad del empresario han hablado de una responsabilidad «cuasi-objetiva» del empresario. De confirmarse esta tendencia, la prueba de la culpa o negligencia del empresario podría ser relativamente sencilla.

El cambio del puesto de trabajo

El muy ambiguo artículo 25 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales parece reconocer un derecho al cambio del puesto de trabajo por motivos de salud, impresión que confirma el art. 47.7 de la propia Ley que califica como infracción grave «la adscripción de trabajadores a puestos de trabajo cuyas condiciones fuesen incompatibles con sus características personales». Por otro lado, diversos artículos del Reglament de los Servicios de Prevención (art. 4.1.b, 4.2.c y 5.1) obligan al empresario a tener en cuenta el estado de salud de los trabajadores al evaluar los riesgos. Finalmente, el art. 123 de la Ley General de la Seguridad Social prevé la posibilidad de aplicar el recargo de prestaciones cuando no se hayan observado las medidas de «adecuación personal a cada trabajo».

Con esta base, podemos plantear el cambio de puesto de trabajo de un trabajador que sufre una lesión músculo-esquelética. Lo mejor sería que se plantease como una medida transitoria, hasta que se acondicione el puesto de trabajo, para resolver de manera definitiva el problema.

Esta acción plantea bastantes dificultades. Tiene sentido sólo en las empresas con cierta plantilla en las que pueda existir un puesto de trabajo sin riesgo susceptible de ser ocupado por el trabajador enfermo. Además, existe el peligro que acabemos dando argumentos a la empresa para que plantee una ineptitud sobrevenida. A pesar de todo, hay casos en los que se puede intentar esta vía.

Por último

Estas líneas de actuación pretenden contrarrestar la fuerte tentación de no hacer nada. Para empezar, pueden servir para seguir reflexionando juntos sobre «qué podemos hacer y cómo». Con las aportaciones de todos/as, se puede perfeccionar, modificar y reestructurar lo que aquí se esboza. En última instancia, sólo en los tribunales veremos hasta que punto el planteamiento es correcto y puede dar frutos.

Quizás sería bueno empezar seleccionando algunos casos ejemplares, para ver como responden los jueces. Estos casos ejemplares, habría que llevarlos de forma también ejemplar, sin escatimar recursos en la preparación de la prueba. Habrá que empezar a intentarlo.

Valeria Uberti-Bona
Abogada. ISTAS

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