Hay una opinión muy
extendida sobre que las lesiones músculo-esqueléticas no pueden reconocerse como
enfermedades profesionales porque no están en el cuadro. Esa percepción no es del todo
correcta pues en el epígrafe E.6 del Cuadro de Enfermedades Profesionales actualmente en
vigor se incluyen las siguientes enfermedades:
- Periostitis: Las actividades físicas intensas o
repetidas pueden provocar una degeneración de la membrana que recubre el hueso (el
periostio) cerca de donde se insertan los tendones. Se produce así una inflamación
dolorosa. Especialmente frecuente en chapistas, herreros, caldereros, albañiles,
canteros, etc,.
Procesos peritendinosos: Cuando se sobrecargan las
manos realizando tareas a las que no se está acostumbrado o se recibe un golpe sobre los
tendones se produce una inflamación. Esta alteración viene recogida en el cuadro como
enfermedades de los tejidos peritendinosos.
Rotura tendinosa: Cuando se realiza un sobreesfuerzo
brusco es el propio tendón el que puede sufrir una distensión. El síntoma más
sobresaliente es el dolor acompañado de rigidez y reducción de los movimientos. Lo más
frecuente es que suceda en un tendón que haya sido previamente sometido a
microtraumatismos repetidos.
Bursitis: Para evitar el roce de los tendones contra
el hueso o los ligamentos, entre las superficies deslizantes hay una especie de bolsita
rellena de líquido. Como consecuencia de un traumatismo violento o por traumatismos de
repetición esta estructura puede sufrir una inflamación que se denomina bursitis. Se da
especialmente entre mineros, trabajadores de la construcción, colocadores de parquet y
baldosas, servicio doméstico, jardineros, talladores y pulidores de piedra y trabajadores
agrícolas, zapateros, sastres, carpinteros. En todos aquellos oficios en que se trabaja
de rodillas puede originarse una inflamación de la bolsa que está por detrás de la
rótula.
Tenosinovitis y tendovaginitis: A veces el tendón va
enfundado en una vaina en cuyo interior existe un fluido espeso (líquido sinovial) que
actúa como lubricante. Las actividades físicas que someten al tendón a sobreesfuerzos o
microtraumatismos repetidos pueden dar origen a una inflamación aguda o crónica del
propio tendón o de la vaina: tenosinovitis y tendovaginitis. En el cuadro se relaciona
especialmente esta enfermedad con mozos de restaurante, cajeras, costureras,
dactilógrafos, mecanógrafas, lavanderas, etc.».
Neuritis por compresión en los estrechamientos: De la
misma manera que los hilos de los cables eléctricos están recubiertos por una funda
aislante, los nervios están protegidos por una capa grasienta, la mielina. La compresión
mantenida de un nervio da origen a una lesión en la capa de mielina que provoca
alteraciones en la conducción de las señales nerviosas y una inflamación del nervio.
Los nervios son especialmente vulnerables en los puntos en que tienen que atravesar
estrechamientos como en las muñecas, el codo, el hombro o las entradas y salidas a
través de las vértebras. El cuadro recoge en este sentido el síndrome del canal
carpiano y lo relaciona especialmente con las lavanderas, cortadores de tejidos y de
material plástico y trabajos en centrales telefónicas.
Neuropatías por compresiones externas: En el cuadro
de enfermedades profesionales están reconocidas «las parálisis de los nervios debidas a
la presión», en general, y de los ordeñadores de vacas, pulido de vidrio o zapateros,
en particular, porque son trabajos en los que se efectúan esfuerzos manuales en posturas
que implican una compresión externa de los nervios a nivel de la muñeca y palma de la
mano. Tambien está contemplado que los trabajos con apoyos sobre los codos pueden llevar
a la parálisis del nervio cubital provocando la aparición de lo que se llama la mano en
garra. Igualmente están reconocidas las lesiones de los trabajadores de mudanzas y de
carga y descarga, por la compresión que hacen los objetos transportados sobre los nervios
de la espalda, así como las de los empedradores, asfaltadores, horticultores, vendedores
de zapatos, soladores, jardineros, etc. por las compresiones nerviosas externas
consecuencia de realizar tareas en cuclillas o de rodillas.
Además de todas estas, en el epígrafe E.5 del Cuadro de Enfermedades
Profesionales están reconocidas las «enfermedades ósteo-articulares y angioneuróticas
provocadas por las vibraciones» que se producen en determinadas herramientas portátiles
y máquinas fijas o móviles. Estas enfermedades pueden afectar tanto al sistema
músculo-esquelético, como al vascular y nervioso.
No hay que olvidar que las lesiones músculo-esqueléticas de origen
laboral, con independencia de que puedan clasificarse o no como «enfermedad
profesional», deben ser consideradas siempre como «daños derivados del trabajo», en
virtud de la definición del art. 4.3º de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales.
Esto permite, en aplicación de la Ley, exigir que se adopten medidas preventivas para
evitar esos daños.
José Vicente Silva Alonso
Iñigo Fernández Fernández
Gabinete de Seguridad e Higiene en el Trabajo. Cantabria
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