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Acción sindical

Los trabajadores de correos saben cuando son las cinco de la mañana sin necesidad de mirar el reloj por el olor de la «chocolatera». Así llaman a la cacerola donde se funde el lacre que se utiliza para sellar las sacas y documentos que necesitan cierre de seguridad. El olor había pasado a ser un elemento integrante del trabajo hasta que un día alguien se queja. No solo de las quemaduras producidas por el lacre fundido cuando salta de la chocolatera, sino de dolores de cabeza, picor de ojos, irritación de la gargantaŠ

Como Delegado de Prevención, solicito información al Gabinete de Salud Laboral de CC.OO.PV. Pero...¿es posible que un producto utilizado prácticamente desde la invención del papiro pueda ser peligroso y hasta ahora nadie se haya quejado?.

La información que conseguimos no deja lugar a dudas. El lacre en sus distintas presentaciones es una combinación de cinabrio u otros pigmentos, lacas, trementina (colofonía) y disolventes orgánicos. Solicito a la Dirección de Correos (septiembre 1994) que a través del proveedor se aporten las etiquetas del producto, la ficha de seguridad y las instrucciones de uso.

Ante la ausencia de respuesta pedimos un informe al Gabinete de Seguridad e Higiene en el Trabajo (noviembre 1994), el cual emite el siguiente informe (febrero 1995): «...conocido que entre los componentes del lacre, se encuentra la colofonía y que por la acción del calor esta sustancia puede producir efectos irritantes, recomienda la instalación de un sistema de extracción localizada del aire...» Además se exige el correcto etiquetado y las fichas de seguridad. Solo una marca cumple la recomendación e introduce el correspondiente pictograma indicando «Producto nocivo. No respirar los vapores. Evítese el contacto con la piel».


Mis compañeros de correos no salían de su asombro. Había que instalar sistemas de extracción localizada de aire en todas las oficinas de correos del Estado. Algún directivo llegó a proponer la utilización de mascarillas, propuesta que fue desestimada inmediatamente en cuanto solicitamos que fueran homologadas y adecuadas a los gases que se respiraban. ¿Os imagináis un trabajador de Correos con mascarilla antigás tipo «israelita»?

La ausencia de respuesta de la dirección no me desanimó y durante los años 1995 y 1996 les seguí bombardeando con escritos al tiempo que solicitaba nuevas inspecciones. El 20 de Mayo de 1997 la Inspección de Trabajo insta por última vez a la empresa a sustituir el producto o poner las medidas de higiene adecuadas.

«Con el fin de evitar posibles molestias a los funcionarios y empleados que manejan lacre, se hace necesario adoptar medidas que sustituyan este sistema de precinto y homologación otros tipos que reúnan mayores garantías». Así se inicia la resolución del 28 de mayo de 1997 del Organismo Autónomo de Correos y Telégrafos, publicada en el Boletín Oficial de Correos, que obliga a implantar en todas las oficinas del estado un nuevo sistema de precinto de cinta adhesiva de seguridad y precintos de plástico para las sacas.

Por fin se cursa una circular a todas las Jefaturas Provinciales en la que se ordena el bloqueo y fin de la compra de lacre para sellado de sacas y valores de correspondencia. Ya no es necesaria la «evaluación de riesgos». Se ha cumplido un principio básico de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales: eliminar el riesgo.

Chema Rubio Gallo
Delegado de Prevención
Oficina de Correos. Alicante

 

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