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Sumario nº 06
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A las puertas del siglo XXI un nuevo fantasma recorre el mundo occidental y provoca el pánico en algunos círculos de poder. Este fantasma se llama información. Y si la verdad, como dijo Gramsci, es siempre revolucionaria, la transparencia (recuerden la glasnost de Gorvachov) puede llegar a ser auténticamente explosiva.

El asunto ha salpicado ni más ni menos que a las todopoderosas Novartis y Monsanto, multinacionales de la producción de alimentos transgénicos, que han visto cómo las campañas informativas de las organizaciones ecologistas les están creando serias dificultades en las cadenas de distribución hasta el punto que algunos bancos recomiendan a sus clientes vender las acciones de dichas empresas.

Con el lema 'Calzado Nike y Adidas con defecto de fabricación (social)' diversas ONGs denuncian la utilización de mano de obra infantil y la sobreexplotación de mujeres por estas multinacionales de material deportivo en países asiáticos, africanos o latinoamericanos, llamando justamente a boicotear sus productos mediante una campaña a escala internacional.

Recientemente nos llega la noticia de que un decreto del Gobierno francés obligará al doble etiquetado de determinados productos agrícolas, es decir, una etiqueta con el precio de venta al público y otra con el precio de compra al agricultor con el fin de que el consumidor tenga una adecuada información.

Son líneas de avance hacia una mayor madurez social, contra la manipulación y el oscurantismo, y en defensa de opciones de consumo responsables basadas en una información veraz y completa. Porqué ¿a quién no se le mueven las entrañas si todos los días ve en el portal de la casa una placa con el número de trabajadores que se accidentaron o murieron en su construcción? ¿cómo se te queda el cuerpo si la florista te advierte que los trabajadores que cultivaron las flores de ese ramo que vas a regalar quedaron estériles por los plaguicidas que tuvieron que utilizar? ¿alguien elegiría unas bonitas cortinas estampadas de la marca Ardystil?

Se nos puede acusar de truculencia. Bien, seamos positivos. Proponemos una etiqueta que informe de que en la fabricación de tal o cual producto se han respetado todas las normas de prevención garantizando que ningún trabajador o trabajadora han sufrido daños a su salud.

Como consumidores nos quedaríamos más tranquilos. Está por ver si algún empresario se atreve.

 

 

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