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Condiciones de trabajo

En memoria de doce trabajadores
ecuatorianos muertos en Lorca
mientras buscaban vida (3 de Enero 2001)

 

JUAN JOSÉ CASTILLO. Catedrático Director del Departamento de Sociología III de la Universidad Complutense de Madrid

En la película 'Más allá de las nubes' de Michelangelo Antonioni, un director de cine se topa con una joven que le espeta, a las primeras de cambio, que ha matado a su padre de doce puñaladas. El director, interpretado por John Malkovich, sopesa ávidamente el utilizar este argumento en su película pero lo descarta porque, dice, nadie se creerá lo de las doce puñaladas. Si hubieran sido tres o cuatro... Algo semejante parece sucederles a los estudiosos de las situaciones de trabajo en nuestro país. Tan negativas son las estadísticas disponibles sobre accidentes de trabajo que, a quienes desde los sindicatos o desde la academia intentamos una reflexión que vaya más allá de lo inmediato, nos sucede como al director de cine de Antonioni: que no nos creen que fueran doce puñaladas. 

'Se puede estar más cansado por una hora de trabajo intenso, que por cuatro de trabajo relajado' Alain Wisner.

 

El concepto de intensificación del trabajo es una buena herramienta para abordar el estudio de las condiciones de trabajo hoy en España. 'Se puede estar más cansado por una hora de trabajo intenso, que por cuatro de trabajo relajado': así sustanciaba Alain Wisner, el gran ergónomo y maestro francés, lo que podrá decirse en decenas de páginas 'teóricas'. En una investigación que hicimos en una fábrica de motores pudimos 'cuantificar' esa variable. Los 3.000 trabajadores que en 1992 fabricaban 340.000 motores al año, se habían reducido a menos de la mitad en 1995: Pero producían la misma cantidad de motores. Sin exageración se podrá decir que estos trabajadores restantes trabajaban ahora el doble que tres años antes.

Esta intensificación del trabajo genera unas condiciones propicias para un mayor deterioro de la salud de los trabajadores y un uso acelerado de las capacidades de trabajo que les hará luego 'viejos' prematuros para el sistema productivo. 

Intensificación del trabajo y accidentes 

Dos tipos de transformaciones convergen en las situaciones de trabajo propensas al accidente: las que afectan a las personas y las que se refieren a los puestos de trabajo.

Desde el lado de las personas que trabajan y que sufren los riesgos de accidente o el accidente mismo, el 'mercado de trabajo' es determinante en tanto que conjunto de regulaciones y prácticas que definen las reglas del juego, las posibilidades de negociación y la capacidad de influencia de cada actor social. 

Los datos de los accidentados son la plasmación de un trabajo que implica riesgos crecientes para la salud y la vida. Tanto el volumen global como la tasa de incidencia, esto es el número de accidentes por cada mil trabajadores, son notablemente altos en España, más que en la mayoría de los países de la Unión Europea. Y lo son a lo largo de las dos últimas décadas. Que esa evolución se dé en una economía que ha visto reducido el peso de sectores más 'propensos al accidente', como la construcción metálica, por ejemplo, no deja de ser sorprendente. ¿Dónde y cómo se producen esos accidentes en una estructura económica que trata cada vez más procesos inmateriales?. Si estamos ante una economía más 'moderna' y que, por ello, contiene en sí misma menos riesgo de accidente físico, ¿a qué se debe este crecimiento?.

Mi argumento es que esos datos reflejan los cambios globales impuestos por políticas continuadas de precarización laboral. Se ha socavado la base misma sobre la que las gentes pueden edificar la defensa de un trabajo decente. La precariedad les despoja de todo aquello que les permitía llevar a cabo su tarea con profesionalidad y hasta con orgullo y entusiasmo. 

En ese clima, cualquier reticencia ante las imposiciones que 'voluntariamente' le solicite su empleador podrá ser causa de perder sus medios de vida. Y por ello, se arriesgará más, trabajará más rápido e incluso se lo pensará mucho antes de ausentarse por una enfermedad. Y sin esa red de la seguridad de su trabajo, de su equipo de compañeros, de capacidad de defensa, se accidentará más.

Desde el lado de los puestos de trabajo, la reorganización empresarial, la fragmentación y exteriorización de funciones, la fragmentación de los procesos productivos, se encuentran con estas personas 'creadas' por el mercado de trabajo. Convergen en la situación de trabajo. Puestos de trabajo, a veces en difícil conexión y coordinación entre si en el seno de procesos productivos discretos e identificables por un producto o por un cliente, tienden a ser descalificados y fácilmente sustituibles. El mercado de trabajo facilita ampliamente la disponibilidad de eventuales ocupantes para esos puestos. Esas eran exactamente las características requeridas para la implantación del taylorismo en sus primeros tiempos: obreros fragmentados y descalificados, sin organizaciones sindicales de defensa, para puestos de trabajo donde las personas son elementos necesarios, pero transitorios y desechables sin gran coste para el gestor.

 

Obreros fragmentados, descalificados, desechables, sin organizaciones sindicales de defensa

 

 Frenar la intensificación del trabajo

Para acabar con la intensificación del trabajo, ha de preverse y potenciarse una intervención sistemática en ambas direcciones, mercado de trabajo y puestos de trabajo. Esa intervención, meditada y negociada, pero radical por los estragos en vidas humanas y biografías rotas a los que asistimos, es una cuestión nacional y hasta de Estado. En la regulación del mercado de trabajo, en el mantenimiento de unas reglas del juego que no permitan la fabricación (ni la importación) de personas 'disponibles para el accidente'. Que recupere más capacidad de negociación de la propia venta de la fuerza de trabajo.

Pero, también y simultáneamente, se deben regular las formas que debe adoptar la organización empresarial y productiva, como lo ha propuesto la Unión Europea con su libro verde sobre organización del trabajo o con su modelo de sistemas antropocéntricos de producción. O la OIT, con su propuesta de 'trabajo decente'.

Porque el círculo se cierra y se reproduce: malos puestos de trabajo que, una vez creados, sólo pueden funcionar fabricando socialmente mano de obra dispuesta a jugarse la vida para ganársela. Y lo mismo se puede leer al revés: una vez degradadas las condiciones sociales, las reglas del juego, el trabajo degradado será su consecuencia inevitable.

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