Dossier: Hay soluciones
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JOAQUÍN NIETO*
Mejorar las condiciones de trabajo Empecemos por las causas del crecimiento de los accidentes. Está claro que hay más actividad económica y más empleo y que siguen sin cumplirse las normas por parte de las empresas y, por ende, por parte de los trabajadores. Pero un crecimiento tan impresionante de la siniestralidad -¡el 52% en los últimos 5 años!- se explica también por otros factores añadidos. El auge económico se ha basado en gran parte en una intensificación del rendimiento laboral deteriorando las condiciones de trabajo, en el mantenimiento de altas tasas de temporalidad y en la extensión de nuevas formas de organización empresarial que, a través de la subcontratación, externalizan determinadas actividades y riesgos. Esta constatación no pretende diluir las responsabilidades preventivas que a todos nos corresponden en una denuncia general. Sobre todo porque el incumplimiento normativo sigue siendo un factor primordial. También en otros países europeos el auge económico ha empujado a una mayor presión sobre el trabajo y se han extendido la precariedad y las subcontrataciones. Sin embargo, la siniestralidad en vez de crecer ha decrecido y ello se debe a que funcionan mejor las prácticas preventivas, lo que permite proteger mejor a los trabajadores de los riesgos aun en el caso de cambios desfavorables en otros condicionantes de las relaciones laborales. La constatación de esos factores debe servir para integrar adecuadamente la lucha contra la siniestralidad y la acción por mejorar las condiciones de contratación y de trabajo pero, sobre todo, para adaptar nuestras propuestas preventivas a proteger los colectivos más vulnerables o más afectados por esos factores. De ahí nuestra insistencia en regular la subcontratación o en precisar reglamentariamente las obligaciones de coordinación preventiva contempladas en el artículo 24 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales para las empresas que compartan el mismo centro de trabajo. Cumplir la ley, pero de verdad En cuanto al cumplimiento normativo conviene que sigamos insistiendo en el cómo y no sólo en el cuánto. Peor que el no cumplimiento sería que las empresas se instalasen, con la complicidad de todos, en un 'cumplimiento' sólo formal y de papeleo. Entonces sí que habríamos fracasado. De ahí nuestro empeño en exigir que tanto la evaluación de riesgos como el plan preventivo se hagan bien y con la participación de todos. De ahí también nuestra denuncia de la nefasta praxis preventiva de las mutuas que están pervirtiendo un proceso históricamente irrepetible de integración de la prevención en las relaciones laborales y nuestra voluntad y exigencia de democratización de estas entidades colaboradoras de la seguridad social que acumulan el mayor potencial técnico-preventivo de nuestro país. Los mecanismos de presión y vigilancia frente a los incumplimientos siguen mereciendo una atención prioritaria. Los planes de actuación preferente sobre las empresas con mayor siniestralidad han mostrado resultados positivos, por lo que la experiencia aconseja perseverar en esa línea, incluso con mayor celeridad y rigor. También hay que lograr una mayor eficacia de la acción inspectora, asignatura siempre pendiente. Y esperamos que en breve la acción de la fiscalía y la justicia persigan como procede a quienes delinquen contra la salud de los trabajadores. Negociación colectiva y presión sindical ¿Y la negociación colectiva, sirve para algo? Aquí es quizá dónde menos estamos asumiendo nosotros mismos las responsabilidades que como sindicato nos corresponde. Es verdad que las actitudes patronales no acompañan, pero tampoco hemos puesto la suficiente voluntad e inteligencia por modificar ese bloqueo. En este campo tenemos que cambiar sin más excusas pues hay logros que sólo alcanzaremos plenamente mediante la negociación colectiva, desde la formación adecuada de los trabajadores a la figura del delegado de prevención sectorial o territorial. Tal como vienen evolucionando las cosas, va a ser muy necesario ejercer una fuerte presión a través de la denuncia pública y de la movilización. En la calle, claro que sí, pero sobre todo en las empresas que es donde se suceden los riesgos, donde se organiza la prevención y donde menos presión venimos ejerciendo. Nuestra federación de la construcción, con sus huelgas, ha mostrado un camino interesante. El próximo 27 de abril, con motivo del Día Internacional por la Salud y Seguridad en el Trabajo, vamos a realizar una importante jornada de lucha que no sólo tendrá su expresión en la calle como en años anteriores, sino también en los centros de trabajo. Por ahí deberemos seguir. A ver si logramos sacar al gobierno y a los empresarios de su pasividad y frenar el crecimiento de los accidentes que tanta falta nos hace. * Secretario Confederal de Salud laboral y Medio Ambiente CC.OO. |
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