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PACO MONTIEL
Abbes Ouabbi, un marroquí de 22 años, desembarcaba en las costas de Andalucía a bordo de una patera, en diciembre de 2000. Partió de su tierra, como tantos otros, con la intención primero de eludir la vigilancia costera, después de buscarse el sustento y un lugar donde trabajar. El precio que iba a pagar, no sería solo el dinero que le costó un pasaje en una patera.
Llega a Jaén en tiempo de recolección de la aceituna y este año hay buena cosecha. Se necesita más mano de obra, sobre todo si es barata. Y así, en febrero comienza a trabajar, sin ser dado de alta naturalmente. Termina la campaña y se reengancha en las labores posteriores (limpieza, poda, tratamientos de residuos). Le encomiendan la tarea de triturar las ramas podadas, alimentando una máquina con estos ramones (así los llaman en Jaén) para convertirlos en un fino polvo. Nadie le informa sobre los riesgos de esta tarea –ni siquiera entiende el español–. El día 5 de mayo se le engancha la manga de su jersey y la mano izquierda entera queda triturada en la máquina.
A la semana siguiente, después de haber sido intervenido quirúrgicamente en un hospital público, acude a CC.OO. para informarse y asesorarse sobre sus derechos. Se interpone denuncia a la Inspección Provincial de Trabajo, se hace un seguimiento a la Mutua (que no lo reconocía como trabajador por cuenta ajena), se hacen gestiones en la Subdelegación del Gobierno, se tramita al INSS su pase por la Unidad de Valoración.
Todas estas gestiones empiezan a dar frutos: la Mutua asume la asistencia sanitaria y la Incapacidad Temporal del trabajador, la Subdelegación de Gobierno le concede el Permiso de Residencia, la Unidad de Valoración del INSS le reconoce la Incapacidad Permanente Total por Accidente de Trabajo con una pensión de 65.000 pts mensuales. Queda ahora la actuación de la Fiscalía por si existe responsabilidad penal del empresario.
La cosecha de aceituna de este año va a ser mejor que la del
pasado año. Ya ha comenzado la recolección. Hombres y mujeres inmigrantes no
paran de llegar a nuestra provincia, no hay lugares suficientes para su
albergue, ni siquiera se les alquilan casas, muchos duermen en la calle. Cuando
encuentren tajo, creerán que su problema está resuelto pero aún les quedará
mucho por andar. Desde CC.OO. haremos lo que esté en nuestra mano para que su
sueño no les cueste una mano. Desde aquí pedimos a los diferentes agentes que
intervienen en el campo de la prevención que hagan lo propio. La realidad
existente lo exige.![]()
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