
MANUEL DEL ÁLAMOEl anuncio no es un fin en sí mismo sino un medio para hacer memorable un mensaje que el anunciante quiere que conozcan y recuerden los consumidores, la audiencia. 'Trabaja para ganarte la vida, no para perderla' es el lema central de una amplia campaña publicitaria que en los últimos meses han patrocinado el Ministerio de Trabajo y las Mutuas de Accidentes AMAT. Si lo importante, como subrayan los publicistas, no es el anuncio sino el mensaje que subyace, en esta ocasión no podemos menos que corroborar la indignación que expresaron públicamente en la Feria Laboralia tanto Carlos Aníbal Rodríguez como Pere Boix. Éste último no dudó en calificar la campaña publicitaria como 'proxenetismo ideológico'. Y no le faltaba razón. En publicidad manda el briefing, es decir la meta, la estrategia, la misión. Lo primero que los publicistas y sus responsables políticos analizan es precisamente para qué va a servir el plan de publicidad diseñado. En el caso de la campaña del Ministerio y de AMAT la cuestión no es baladí por cuanto lo que se pretende es incidir sobre una de las lacras sociales más negativas de nuestro país como son los accidentes de trabajo. Por otra parte, se trata de una de las campañas publicitarias más intensas de las realizadas en nuestro entorno en materia de prevención, con un amplio despliegue de elementos publicitarios (inserciones en televisión, medios de comunicación escritos, vallas, etc.) y en la que el dinero publico, el de todos, ha sido puesto en juego generosamente. Hasta aquí, nada que objetar. La importancia del objetivo y los recursos asignados son dos elementos que debieran haber hecho reflexionar al Ministerio de Trabajo para diseñar un mensaje publicitario menos ruin que el elegido. Es inconcebible que el anuncio, tanto formalmente como en su mensaje, pretenda descargar sobre el trabajador la responsabilidad del riesgo culpabilizándole por sus posibles consecuencias y ello de forma exclusiva, hasta el punto de hacer desaparecer del panorama mediático la figura del empresario. Quienes tengan edad suficiente recordarán la vieja campaña franquista del 'Trabaja, pero seguro' y les resultará difícil discernir en términos de mensaje de fondo la diferencia con este 'Trabaja para ganarte la vida, no para perderla'. Veintitantos años de democracia y la misma línea argumental de culpabilizar a los propios trabajadores de los accidentes propugnada por la dictadura. Realmente, y no es una boutade, esta publicidad mata por cuanto hace invisibles a los verdaderos responsables del riesgo. Los empresarios en esta campaña millonaria se van de rositas y sus obligaciones y deberes sencillamente desaparecen. Flagrante contravención del espíritu y la letra de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, patrocinada por el mismísimo Ministerio encargado de hacerla cumplir. La misma tónica ha dominado la llamada Feria de la Prevención Laboralia, autentico zoco de equipos de protección individual en la que solamente localizamos un único expositor que ofrecía protección estructural: armarios captadores de vapores nocivos para trabajos de laboratorio. Poca tecnología preventiva para tanto papel impreso. Algunas consignas tan descafeinadas que finalmente nadie se siente aludido ('Evitar riesgos, responsabilidad de todos'), otras, la mayoría, dirigidas cómo no a reprender a los trabajadores. 'Trabajador no te la juegues' (No t’hi la jugues)
advertía la Generalitat de Cataluña. Lo mismo, pero al revés, era el lema del
Govern Balear: 'Con la salud de los trabajadores no se juega'
(Amb la
salut dels treballadors no s’hi juga). Dos lemas publicitarios bien diferentes
en los que se constata claramente que lo que importa no son las palabras sino el
mensaje. |
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