| Se refuerza la obligación de las empresas de implicarse en la gestión de la prevención y aumentan los recursos públicos de vigilancia y control
El Ministerio de Trabajo, en cumplimiento de un acuerdo de la Mesa de Diálogo Social, ha presentado el borrador de un anteproyecto de reforma de dos leyes (la de Prevención de Riesgos Laborales y la de Infracciones y Sanciones en el Orden Social), cuyas medidas más significativas son:
Según el Gobierno, con estas reformas se equilibran dos tipos de medidas: por un lado, las dirigidas a integrar la prevención de riesgos laborales en la gestión empresarial y por otro, las encaminadas a garantizar el cumplimiento de la ley mediante una mejor utilización de los recursos de control público. Desde CC.OO. y UGT se considera que esta reforma es sólo un primer paso, y que siguen pendientes otras cuestiones contenidas en los acuerdos de 30 de diciembre contra la siniestralidad, como la regulación reglamentaria de la coordinación de las subcontratas, la reforma de las Mutuas de Accidentes de Trabajo y la actualización del cuadro de enfermedades profesionales.
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FERNANDO RODRIGO La modificación legislativa que ahora se presenta contienen avances significativos pero, al mismo tiempo, nos plantea una nueva responsabilidad: asegurar que no va a ser pervertida de nuevo para quedarse solamente en otro papel más para la Inspección de Trabajo. Este acuerdo por sí solo no arregla nada si no se genera una nueva dinámica sindical e institucional. La presión sindical nos corresponde a nosotros. Nuestra acción sindical debe ir en la dirección de generar actividad preventiva en los centros de trabajo con implicación de los empresarios y participación de los trabajadores. Hay que poner el énfasis en la obtención de resultados preventivos. La dinámica institucional también debe cambiar. La Inspección de Trabajo tiene que pasar de pedir papeles a investigar qué se hace, cómo se hace y qué se consigue. Pasar de la forma al fondo. Es decir, lo contrario de lo que hasta ahora ha sido práctica habitual. Lo mismo sucede con los nuevos recursos institucionales que se incorporan a tareas de vigilancia y control cuya actuación va a depender de una decisión política de los gobiernos autónomos. Francamente, los precedentes no auguran optimismo. Ni en lo que respecta a la voluntad política de presionar a los empresarios ni en cuanto a la tradicional orientación “proempresarial” de muchos de estos técnicos. Por último, se ha dado un paso para obligar a las empresas a dedicar recursos propios a la prevención. Lástima que el compromiso contenga una flagrante contradicción: la posibilidad de contratar este nuevo recurso interno con un servicio de prevención ajeno. ¿En qué quedamos? Esperemos que pueda corregirse en el trámite parlamentario. Lo dicho, avanzamos, pero, como siempre, esto nos da más trabajo para no defraudar las expectativas que se crean. Manos a la obra, pues. |
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