Dossier: Tres décadas clave para la Salud Laboral en España
![]()
FERNANDO RODRIGO.
Desde porExperiencia hemos querido recoger en este dossier especial los puntos
de vista de tres personas de rica experiencia en el largo camino recorrido en
salud laboral desde los últimos años de la dictadura franquista hasta nuestros
días. Dos de ellos son veteranos sindicalistas. El primero, Ángel Cárcoba, es
un histórico luchador de CC.OO., fundador del Departamento de Salud Laboral de
la Unión Sindical de Madrid Región en 1977 y al que en 1984 se le encarga
crear el Gabinete Confederal de Salud Laboral, hombre clave en las negociaciones
que culminan en 1996 con la promulgación de la Ley de Prevención de Riesgos
Laborales. El segundo, Willy Buschak, es un sindicalista alemán radicado en
Londres, secretario confederal de la Confederación Europea de Sindicatos desde
1991 hasta 2003 y actual director adjunto de la Fundación Europea para la
Mejora de las Condiciones de Vida y de Trabajo en Dublín. Para completar esta
suerte de balance hemos entrevistado también a otro protagonista clave, a
Marcos Peña, Inspector de Trabajo desde hace más de tres décadas, Consejero
Laboral en Italia en los años 80, Secretario General de Salud y luego
Secretario de Estado de Empleo y Relaciones Laborales hasta 1996.
![]() |
![]() |
|
L os largos años de luchas, movilizaciones y duras negociaciones con la patronal y el Estado que Angel Cárcoba tiene sobre sus espaldas, lo convierten en uno de los sindicalistas más autorizados para hacer balance desde aquellas ejemplares luchas obreras libradas en los últimos años de la dictadura hasta nuestros días. |
¿Cuáles fueron los primeros cambios registrados en materia de salud laboral con la llegada de la democracia en nuestro país?
Cuando los sindicatos se legalizan, se termina una etapa de falta de libertades democráticas en la que, en lo que toca a la seguridad e higiene –como se llamaba en aquella época estaban muy bien definidos los protagonistas: por un lado el Estado, con una presencia omnipotente, y por el otro, la Empresa.
Durante la dictadura, lo que primaba en salud laboral era una concepción claramente mercantilista: el riesgo se consideraba inevitable y frente a él la única alternativa era la compensación económica. Al trabajador sólo le quedaba la posibilidad de la denuncia, denuncia en la que por otra parte tenía muy poca confianza.
A pesar de ello, uno podía encontrarse en el último lustro del franquismo -en los años 1971, 1972, 1973- con algunas experiencias muy interesantes que sobrepasaban totalmente el marco normativo vigente. Es el caso, por ejemplo, de la Seat de Barcelona cuando se oponen a la implantación del quinto turno: hay huelgas, manifestaciones y muere un trabajador por disparos de la Guardia Civil. Es el caso también de los trabajadores de SKF, en Madrid, que llevan a cabo una huelga, de diez meses de duración, contra los ritmos de trabajo.
¿Fueron casos excepcionales?
En cierta medida sí, al igual que lo era la lucha por la democracia. Viéndolo ahora, con perspectiva, hay que reconocer que no éramos muchos. Sin embargo, esas luchas obreras por la salud laboral nos permitieron introducir temas como el poder y el contrapoder en las empresas. Esas experiencias y otras, en especial las luchas de los sindicatos italianos, nos ayudaron mucho. Fue así como acuñamos en CC.OO. el concepto de salud laboral, en tanto que un concepto de poder frente al de seguridad e higiene del franquismo. Y ya estamos hablando de 1978, 1979 y 1980.
¿Cómo se produce ese paso desde el concepto de seguridad e higiene al de salud laboral?
Bueno, fue un debate en el que participaron muchas personas, desde el propio Jose Mª Fidalgo -actual Secretario General de CC.OO.- hasta expertos de EEUU, de Italia, de la Organización Mundial de la Salud (OMS) o de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC). Fruto de este proceso CC.OO. elabora en aquella época una serie de documentos públicos donde se plantean metodologías y estrategias de superación de la legislación vigente.
A inicios de los 80 se multiplican las experiencias y se desarrolla una acción sindical mucho más rica que la propia negociación colectiva. Estamos hablando de grandes empresas, como el Metro de Madrid, El País, Iberia, Izar, Renfe, y así hasta un total de 237 empresas. Con metologías a veces muy sencillas se comienzan a conseguir cosas, desde la reducción drástica del ruido en algunas empresas hasta que la renovación de los aceites industriales en otras se realice no cada 500 horas sino cada 250. Esta última medida supuso una mejora importantísima en los problemas pulmonares y de la piel de los trabajadores. En esa época, por ejemplo, teníamos una asamblea general por la mañana con los trabajadores de Barajas y luego asambleas sectoriales con trabajadores afectados por los mismos riesgos, confeccionábamos cuestionarios que nos permitían saber cuáles eran los problemas de salud más importantes y también cómo solucionarlos.
Toda esa actividad sindical ¿tenía alguna repercusión respecto a la Inspección de Trabajo?
Sí, sin duda. Se consiguió un cambio en la forma de actuación, tanto de los inspectores de Trabajo como de los técnicos del Instituto Nacional de Seguridad e Higiene que tenían en ese momento un protagonismo fundamental. Por ejemplo, antes de este enfoque sindical, cuando en una fábrica se denunciaba la existencia de un ruido excesivo, la solución que se daba era la de utilizar protectores auditivos. A partir de 1986 los mismos técnicos del Instituto habían cambiado totalmente su comportamiento y empezaron a ir al origen de los problemas. Viendo los dictámenes de los años 60 y de los 80 podemos comprobar claramente el cambio radical que se produce.
Los sindicatos comienzan a participar también en órganos institucionales.
Exactamente. Ya comienza la presencia de los sindicatos en los órganos de participación institucional relacionados con la Salud Laboral, en el Consejo General Nacional de Seguridad e Higiene, en el Consejo General del Insalud, en el del Instituto Nacional de la Seguridad Social. A pesar del contexto, recién salidos de la dictadura y un 23-F de por medio, si hoy revisamos las actas de nuestros planteamientos en esas instituciones podemos comprobar, sin echar campanas al vuelo, que CC.OO. hizo un trabajo muy rico, muy importante.
¿Cómo se llega a la Ley de Prevención de 1996?
Desde el discurso de investidura de Felipe González, en diciembre de 1983, el tema está sobre la mesa: hay un compromiso de sacar adelante una ley que mejore la salud laboral. Un hito fue la huelga general del 14-D, de la que se deriva una Plataforma Sindical Prioritaria (PSP) promovida por CC.OO. y UGT que incluye un capítulo dedicado a la salud en el trabajo. Esto coincide en el tiempo, en 1989, con otro hecho muy importante: la aprobación por la Comisión Europea de la Directiva Marco sobre salud y seguridad en el trabajo, que obliga a todos los estados miembros a reordenar su legislación antes del 31 de diciembre de 1992. Al llegar esa fecha, los sindicatos presionan al Gobierno y éste es objeto de apertura de un expediente sancionador por parte de la CE por incumplimiento de los plazos de transposición. El Gobierno entrega un primer borrador a los agentes sociales, comienzan las negociaciones y en enero de 1993 se consigue un primer acuerdo sobre el proyecto de ley. Sin embargo, Solchaga, entonces ministro de Economía, se muestra muy receptivo a las presiones empresariales que terminan bloqueando las negociaciones.
|
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
Parece ser que el escollo tuvo que ver con los delegados de prevención
Sí, porque Solchaga se basó en un informe de la CEOE en el que la patronal sostenía que la disponibilidad horaria de los delegados sindicales contemplada por el acuerdo alcanzado, aumentaría de una forma imposible de asumir los costes empresariales. Creo que los sindicatos tampoco tuvimos la mejor reacción frente a esa postura de la patronal. En ese momento en realidad hubiera sido prioritaria la aprobación de la ley que se vió aplazada por cuatro años. Tuvieron que venir movilizaciones, presiones, campañas, un verdadero debate social a nivel nacional sobre la salud laboral como nunca se había visto en este país, hasta llegar en 1996 a sacar adelante la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. Desde nuestro punto de vista, no es la ley que nosotros hubiéramos querido pero es la mejor que se podía conseguir. Es, sin duda, de lo más avanzado que hay sobre el tema en el conjunto de la Unión Europea.
¿Ha repercutido la ley una mayor toma de conciencia sobre la importancia de la salud laboral?
Evidentemente, ese es un cambio cuantitativo y cualitativo que
se produce. CC.OO., por ejemplo, en los congresos confederales comienza a
plantear como una prioridad el tema de la siniestralidad laboral y se asume la
necesidad de dotarse de una estructura organizativa acorde a ello, con delegados
que en las empresas se concentren en esos temas, y se toma conciencia también
de la necesidad de que el sindicato cuente con una capacidad de investigación
autónoma sobre la salud laboral, sin dependencias externas. Es un paso de
gigante el que hemos dado en todos estos años.![]()
|
|
|
|
1978 |
|
| 1981 II Congreso |
|
| 1984 III Congreso |
|
| 1988 IV Congreso |
|
| 1992 V Congreso |
|
| 1996 VI Congreso |
|
| 2000 VII Congreso |
|
![]()
imprimir enviar a un compañero/a comentar el artículo |
|

