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Ahora que todos se han
marchado, Jackson Browne
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AGUSTÍN GONZÁLEZ |
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Una multitud impaciente aclama a su grupo favorito que se está retrasando 15 minutos en su cita con el público, de pronto todo se oscurece y el grupo hace su entrada, en cuestión de segundos las guitarras comienzan a sonar y el escenario explosiona en luces y decibelios. Esta es la imagen más común del comienzo de un concierto de rock, que para nada refleja la realidad de los que hacen posibles tales eventos: interminables horas de trabajo y sacrificio de un grupo de trabajadores que nunca aparecen en los créditos, ni en las listas de promotores, ni siquiera en los agradecimientos.
A veces la música, a través de los grandes espectáculos, se hace eco de las inquietudes y reivindicaciones de nuestro tiempo (ayuda a los países pobres, conciertos humanitarios para recaudar fondos para personas enfermas o afectadas por desastres naturales), pero está aún en deuda por la consecución de unas condiciones dignas para estos trabajadores.
Son mayormente jóvenes, con escasa formación profesional y en la mayoría de los casos no reciben formación alguna en seguridad o en prevención de riesgos laborales. Tras los espectaculares conciertos de rock, se encuentran estas estrellas anónimas que levantan y desmontan escenarios en tiempo record, en condiciones precarias, bajo un sol abrasador o con fuertes vientos, improvisando a cada paso para solucionar los imprevistos de cada momento. Son trabajadores prácticamente invisibles, pero sometidos a un altísimo nivel de riesgos.
Gonzalo Ranero, tiene más de quince años de experiencia en el sector y ha accedido amablemente a contarnos sus vivencias y opiniones: “Ahora tengo 32 años pero yo empecé en esto más o menos a los 16. Trabajando, montando, haciendo cargas y descargas y luego, poco a poco, aprendí y comencé a trabajar de técnico en una empresa que alquilaba material para hacer conciertos. He trabajado con orquestas, en giras de fiestas populares y con dos grupos importantes españoles. He sido tour manager de uno de ellos. Es un trabajo eventual, pero hay gente que se dedica profesionalmente y es parte de su vida”.
¿Qué riesgos tiene este trabajo?
Existen múltiples riesgos y no sólo riesgos físicos. Desde la manipulación
de cargas pesadas, el montaje de escenarios bajo una tormenta tropical -lo cual
deja los equipos mojados con un alto riesgo de descarga eléctrica-, el montaje
en condiciones de fuerte viento o bajo el sol. Las caídas de los escenarios son
frecuentes porque los grandes escenarios que se montan en ciudades y teatros
tienen un vallado de seguridad, pero los que se montan por ahí carecen de eso y
casi nunca están nivelados. También está el tema de las largas jornadas de
trabajo, a veces puedes llegar a trabajar 20 horas en un día, con momentos de
descanso, pero 20 horas y casi siempre a un ritmo acelerado.
¿Reciben algún tipo de formación en
seguridad los trabajadores cuando se incorporan?
Cuando yo empecé no y ahora prácticamente tampoco se realiza. La formación
consiste en tener cuidado. Las empresas han comenzado a dar unos cursos que se
centran en tu función principal, por ejemplo la mía como road manager es
conducir, pero el problema está en que en esta actividad todo el mundo hace de
todo y aunque los formadores se esfuerzan por darte una base teórica, ignoran
qué actividades desempeñas cuando te subes a un escenario. Están un poco
perdidos. Si se quiere realizar una formación de calidad, hay que ser realistas
y escuchar a los trabajadores.
Tú has pasado de ser un trabajador de
montaje a ser manager ¿Ha cambiado tu perspectiva sobre estos riesgos?
Yo empecé tirando de cajas y luego subí poco a poco. Sé qué problemas puedo
encontrarme, sé lo que es que la gente se “deslome” descargando un camión y
transportando cosas por sitios imposibles. Por eso como manager he tenido una
visión muy realista, porque tenía que intentar que todas las personas que
trabajaban bajo mi mando estuviesen seguras o con el máximo de seguridad. Sí,
como manager no tienes que cargar la caja, pero tienes que ser consciente de que
se hace lo que se puede y lo que no, no se hace. A veces no se ha podido montar
algo porque no ofrece garantías de seguridad, por mucho que lo quiera el grupo o
el artista. Siempre tienes la polémica de hacerlo como te lo piden o hacerlo de
manera segura.
¿Has vivido casos de accidentes de trabajo?
Sí, caídas, cortes, golpes, afortunadamente ninguno grave, aunque en una
ocasión conduciendo de noche me quedé dormido por las jornadas tan largas sin
descanso y estuve a punto de salirme de la carretera.
¿Cómo es la actividad sindical en este
colectivo?
Que yo conozca, la presencia sindical es nula, creo que existe una
asociación de técnicos que intenta más o menos controlar el tema de los salarios
mínimos. Pero donde yo he estado, no hay ningún tipo de participación sindical y
he estado trabajando por toda España. Hay un responsable de equipo por parte de
la empresa de alquiler, que es el responsable de seguridad, o el tour manager
que abarca una serie de funciones, incluida la de garantizar un mínimo de
seguridad.
¿Es un trabajo bien remunerado?
Eso es muy relativo, para un joven que empieza puede que parezca bien
remunerado, pero si tienes en cuenta la cantidad de horas que se trabajan al
día, tampoco es que esté muy bien pagado.
¿Y cómo se contrata a los trabajadores?
Digamos que es un contrato verbal y todo depende de la empresa para la que
trabajas. Pero básicamente se contrata por días. Si te contratan para una gira
de verano, no trabajas todos los días seguidos, sólo los días que hay
conciertos, por lo que te suelen hacer nóminas con alta y baja el mismo día. Lo
que se refleja en tu vida laboral son esos días de actividad. Y si por alguna
razón se interrumpe la actividad, después de haber rechazado otras ofertas, te
quedas sin trabajo.
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