Dossier: Trabajo y discapacidad
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JAVIER MORALES ORTIZ
Nos habíamos citado en su casa, cerca de Nuevos Ministerios (Madrid) pero acabamos en una de las pocas cafeterías de la zona a la que se puede acceder en silla de ruedas. Nos mezclamos con la multitud de oficinistas que a esa hora acuden a su puesto de trabajo. Pero Javier Romañach, barcelonés de 45 años, ya no trabaja. O no como antes de 1991, cuando un coche se saltó un semáforo y le embistió mientras volvía a su casa en moto. El accidente truncó una prometedora carrera como informático: Laboratorio Europeo de Partículas (CERN) en Suiza, construcción de satélites para el grupo GMV… Ahora, Javier es un activista y un teórico del Foro de Vida Independiente. Su meta: que nadie decida por él.
¿Qué es lo primero que pensaste cuando saliste del hospital?
Pensé que el mundo no estaba hecho para gente como yo, que ya no podía acceder a lugares a los que antes iba sin dificultad. Pensaba que los servicios sociales, que hasta entonces para mí no existían, funcionaban adecuadamente, que todo estaba bajo control. Me equivocaba. La realidad era que, de pronto, tus padres tienen que volver a cuidar de ti. Piensas que estás mal hecho.
¿Y cómo afrontas ahora la situación?
Con realismo, me lo tomo con filosofía. Es lo que hay… Lo que toca. Pero no creo que sea yo quien esté mal hecho. Es el mundo el que está mal hecho.
Cuando saliste del hospital, ¿intentase volver a trabajar?
Mi intención fue volver a trabajar, pero la empresa me “advirtió” que el edificio no estaba adaptado, que perdería mi pensión, que todo iba a ser muy difícil. Como mis fuerzas las tenía que dedicar a resolver otros asuntos más primarios y urgentes (cómo levantarme, ir al servicio, lavarme, dónde vivir, cómo salir de casa, etc), abandoné el trabajo. Hace quince años de esto.
Ahora estás jubilado, ¿has pensado volver a trabajar, intentarlo de nuevo?
Te respondo con otra pregunta: ¿tú conoces a alguien que quiera trabajar para perder dinero y además ganar menos que sus compañeros/as de trabajo? Yo no. Si me incorporo al mercado laboral ganaría un 30% menos que el resto de mis compañeros, ya que si lo hiciera, mi asistencia personal correría de mi cuenta. Con la Ley de Atención a la Dependencia se podría haber arreglado parte de este problema, pero al mantener el “repago” –en mi caso, de la asistencia personal– se desincentiva nuestra participación en el mercado laboral. El Foro de Vida Independiente ha reiterado este argumento, pero los políticos lo han ignorado.
¿Crees que las personas con discapacidad siguen teniendo vedados muchos empleos a los que podrían acceder?
Mientras se nos siga llamando discapacitados, todo el mundo pensará que no tenemos capacidad y, por lo tanto, será más difícil que encontremos trabajo. La falta de medidas adecuadas que garanticen la igualdad de oportunidades (asistencia personal, transporte adaptado, edificios accesibles y adaptados, discriminación en el sistema educativo) dificulta la contratación por parte del empresario, que ve más los problemas que las ventajas de contratar a una persona con diversidad funcional. Como consecuencia, tenemos vetados muchos puestos de trabajo a los que podríamos acceder.
¿Respetan las empresas el cupo de puestos de trabajo para personas con discapacidad que establece la ley?
Te contesto, de nuevo, con otra pregunta. ¿Hacen un seguimiento los sindicatos del respeto al cupo por parte de las empresas? Es más: según un estudio hecho por el Observatorio del Grupo SIFU sobre Integración Laboral en la Empresa, no cumplen el 80% de las empresas.
¿Qué cambios legislativos, o de otro tipo harían falta para facilitar el acceso de las personas con diversidad funcional al mundo laboral?
Acabamos de perder una oportunidad con la Ley de Dependencia. Las leyes que hacemos hoy no sirven, por lo tanto las leyes no las vamos a cambiar mientras no cambiemos de mentalidad. No conseguiremos cambios bien orientados mientras la sociedad, incluido el legislador, no nos vea como personas discriminadas por nuestra diferencia y se adopten medidas para erradicar esa discriminación de manera efectiva. Desde el Foro de Vida Independiente estamos convencidos de que hay que adoptar medidas que garanticen la igualdad de oportunidades desde el momento de levantarse hasta el momento de acostarse, en todas las actividades de las personas, 365 días al año. Mientras no se consiga esa perspectiva y esa realidad, el resto de medidas serán sólo parches, quizá necesarios, pero no suficientes.
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¿Cómo surgió la idea de crear el Foro de Vida Independiente?
Después de salir del hospital, me di cuenta de que el acceso a los ordenadores, a internet, estaba vedado a las personas con una diversidad funcional. Puesto que yo era un especialista, durante años impartí conferencias, cursos, charlas, para explicar a estas personas cómo acceder a las nuevas tecnologías. Fracasé. Fracasé porque aprendí que de lo que se trata no es de explicar cómo hacer las cosas sino por qué hacerlas. Ése fue el punto de partida del Foro de Vida Independiente.
Y esa idea, ¿cómo se traduce en la práctica?
Pedimos la igualdad de oportunidades, queremos que se nos trate como a los
demás, que paguemos los mismos impuestos, el mismo billete de autobús, pero
queremos poder coger el autobús. Las leyes que nos afectan han sido elaboradas
por gente que no conoce nuestras necesidades. Son los “otros” los que han
diseñado las políticas que nos conciernen. Todo el mundo ve como algo lógico que
la directora del Instituto de la Mujer, por ejemplo, sea una mujer, porque son
las mujeres quienes mejor conocen la discriminación a las que las somete la
sociedad. A nosotros, sin embargo, no se nos tiene suficientemente en cuenta,
aunque debo decir que en la tramitación de la Ley de Dependencia hemos recibido
una buena acogida de los parlamentarios, especialmente de los de Izquierda
Unida, pero no de los técnicos.
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