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Una imagen vale más que... Problemas de salud laboral de cámaras y fotógrafos

BERTA CHULVI

Las imágenes que capturan sus objetivos centran la atención de telespectadores y lectores. Sin embargo, lo que no trasciende a la opinión pública son las condiciones laborales de cámaras y fotógrafos de prensa. Estos profesionales soportan demasiado peso a sus espaldas, turnos de trabajo intensivos y condiciones de precariedad laboral en las que el descanso semanal es, sencillamente, un lujo que no pueden permitirse.

Cubrir una noticia exige transportar sobre el propio cuerpo aparatos que en su conjunto suponen un peso elevado, durante tiempos excesivamente largos y en posturas muchas veces inapropiadas e incómodas. Estos riesgos ergonómicos tienen efectos generalizados. No se dispone de datos a nivel estatal pero los delegados de prevención que están a pie de obra lo tienen claro: “Hay vidas laborales que no deberían durar más de 15 años”, la expresión es de Patxi Pascual, presidente del Comité de Empresa de TVE en Valencia. Él plantea con claridad que tras 15 años de ejercicio la gran mayoría de cámaras de TV tienen “la columna machacada y es necesario reubicarlos”.

Con la cámara al hombro

El caso de Mario Marco es grave y sin embargo ilustra bien una situación típica. Mario empezó a trabajar como cámara en 1979. En 1989 aprueba las oposiciones en la recién creada Radio Televisión Valenciana. En 2001 empieza a notar unos síntomas extraños: se le duermen los brazos. Acude a la mutua, y tras diferentes pruebas diagnósticas le prescriben una operación de urgencia de dos hernias discales en las vértebras cervicales 7 y 8, que le estaban presionando la médula espinal con riesgo inminente de partición. Desde entonces una placa de titanio le mantiene rígidas las tres vértebras cervicales afectadas. La prescripción del neurocirujano es clara: vida normal sin levantamiento de pesos. Su proceso no consta en ningún expediente como enfermedad profesional.

Josep Antoni Moya, otro cámara, esta vez de TVE está de baja porque el dolor en la zona lumbar es insoportable. Tiene dos hernias discales en la zona sacra. Moya no sólo habla de su caso sino también de otros muchos compañeros: “la mayoría de cámaras a partir de un cierto tiempo empezamos a padecer problemas de lumbalgia, hernias discales y lesiones en las rodillas, en el hombro y en el brazo derecho” afirma. El origen del problema es el peso que cargan de forma habitual pero no sólo, también hay cuestiones que tienen que ver con la organización del trabajo y con la falta de políticas de prevención.

Patxi Pascual, señala la reducción de plantillas como una de las causas del sobreesfuerzo al que se ven sometidos los cámaras: “Antes para hacer ese trabajo salían tres personas. Ahora salen dos y muchas veces sólo una”.

Moya habla de la falta de formación y de medidas preventivas: “A los jóvenes que empiezan como becarios nadie les explica que cargando al hombro la cámara de forma sistemática o filmando en determinadas posturas están poniendo en riesgo su salud y que los daños serán irreversibles. Tampoco a los redactores que nos acompañan se les sensibiliza respecto a los riesgos ergonómicos que corremos los cámaras y te encuentras con gente inexperta que quiere que lo filmes todo y con la cámara al hombro”.

A los políticos no les gusta el trípode

“Lo peor son los políticos –continúa Moya- que no quieren que pongas el trípode porque prefieren que parezca que la prensa les ha ‘abordado’ cuando son ellos quienes nos han convocado en un lugar y a una hora. Además, son capaces de hacer una respuesta de 20 minutos en los que tú tienes que aguantar el plano sin moverte. A Zaplana, lo plantamos una vez y le dijimos: ‘con trípode o nada’. Y tuvo que aceptar”.

Cuenta este cámara que la primera vez que el Valencia Club de Fútbol ganó la Champions, él se ganó un esguince: “Me mandaron solo a la plaza de toros a captar imágenes de los aficionados celebrando la victoria. Empezaron a producirse esas zarandeadas de coches que suele hacer la hinchada cuando celebra una victoria. Mientras yo estaba filmando, cámara al hombro, un coche me golpeó en la pantorrilla y perdí el equilibrio. Recuerdo que cuando estaba sentado en el suelo retorciéndome de dolor, unos aficionados gritaron ¡Mira TVE, vamos a quitarle la cámara! y yo pensé: ¡qué me quiten lo que quieran!”.

lo que pueden llegar a cargar

Trabajar lo máximo cobrando lo mínimo

Los fotógrafos de prensa que colaboran como profesionales autónomos con los grandes diarios, cobran poco y mal por foto publicada o por trabajo realizado, un sistema perverso que les obliga a un disponibilidad permanente, al tiempo que les crea una situación de inseguridad crónica.

Este es el caso de José que trabaja en un diario nacional de gran tirada y que prefiere mantenerse en el anonimato. Lleva 22 años con la misma empresa y no tiene ninguna esperanza de entrar en plantilla.

José trabaja a turnos, 15 días de mañana (de 8 a 4 de la tarde) y 15 días de tarde (de 4 a 8 de la mañana), además de un fin de semana al mes y otro de guardia. Cobra 1.200 euros netos de media, de los que tiene que descontar la seguridad social, el teléfono, el transporte y la compra y reparación de los equipos de fotografía. “Con eso no puedes vivir si tienes familia, así que el tiempo libre que te queda te has de buscar otros trabajos” explica. Para ganar algo más hace el fútbol para una agencia extranjera con lo que ya no descansa ningún fin de semana.

“Tenemos un acuerdo mercantil con la empresa de mínimos y máximos –explica José-, el mínimo son 1.200 euros netos al mes por 30 fotos publicadas y el máximo unos 1.600 netos por 40 fotos. Si haces una foto pero no sale publicada no las cobras. Con lo cual, a veces estás trabajando en tres temas en una mañana y si ninguno de ellos se publica, al final parece que no hayas hecho nada y que te regalen el dinero. Ni se paga la disponibilidad ni el trabajo real”. Una compañera de José que está en la misma situación apostilla: “La realidad es que tu puedes hacer 42 fotos en un mes, que sólo se publiquen 25 y el resultado es que cobras el mínimo habiendo trabajado el máximo”.

Otra situación común que describen estos dos fotógrafos: “Te tiras de 8 a 14 horas en la puerta de un juzgado esperando a un detenido que no aparece porque han decidido que pase a disposición judicial por la tarde, te vas a casa sin hacer la foto, has estado toda la mañana al sol y sin comer, porque no te puedes mover, y de ese día no cobras nada”.

Gabriel Moreno, secretario de salud laboral de la Federación de Comunicación y Transporte de CC.OO, señala dificultades para la acción sindical: “los profesionales de la comunicación han interiorizado la concepción de su profesión como un trabajo apasionante y de cierto estatus social. Pero las redacciones esconden tras sus fachadas una realidad diferente. El empresario se aprovecha de esa idealización para mantener unas relaciones laborales marcadas por el miedo, la resignación y la creencia de formar parte de una profesión de élite. Esa falsa percepción incapacita para la defensa de los propios derechos tanto laborales como profesionales”. e verde

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