Dossier: Inmigración y salud laboral

BERTA CHULVI
Los trabajadores provenientes del continente africano, que son, sin lugar a dudas, quienes arriesgan más sus vidas para llegar hasta aquí, afirman que las condiciones laborales aquí son mejores para su salud que las que se encontraban en sus países de origen pero la pena de haber dejado allí mujer e hijos “lo cubre todo”.

Idrissa Bagayoka nació en Mali hace 38 años y lleva siete en España trabajando ininterrumpidamente como oficial de primera, “y a veces de segunda” en el sector de la construcción. Ahora lleva un mes en paro, tras años pasando de unas obras a otras, de unas empresas a otras. Diakarida Dallo está en la misma situación, aunque no trabajaban en la misma empresa, él también lleva un mes en el paro, tras cinco años de estancia en España.
Idrissa ha trabajado en Gabón como carpintero, en Libia como encofrador y en Mali como albañil. Diakarida trabajó en el campo y en una empresa de caramelos libanesa con sede en la capital de Mali que cerró cuando los disturbios asociados a una huelga general dejaron las instalaciones hechas una pena. Se hicieron amigos durante los 23 meses que trabajaron para la la multinacional china JOVEQ en la construcción del palacio de Congresos de Mali: “Trabajamos para el “chino” en muy malas condiciones – afirman- no nos daban ni casco, ni guantes, ni botas ni nada. Tampoco nos pagaban la prima de riesgo que es obligatoria por ley”. Tres veces al mes les obligaban a trabajar 24 horas seguidas mientras cuajaba el hormigón.
Si comparan esa situación con la que se vive aquí no tienen ninguna duda: “En España hay mucha más seguridad en el trabajo, hay inspecciones, hay control, algo que no pasa en nuestro país”. Pero el estado de salud general de estos trabajadores no va a depender sólo de los EPI, ni de las jornadas de trabajo, es algo mucho más grave lo que les sucede: “Psicológicamente estamos mucho peor, no podemos estar bien, tan lejos de nuestras familias”. Idrissa tiene un hijo y Diakarida, mujer y dos hijos. En la cara de Diakarida, un hombre de expresión dulce, hay una huella de tristeza difícil de describir: “Estás las 24 horas del día con la cara de tus chiquillas en la cabeza. La tristeza es una presión enorme. No podemos estar bien. Yo no quiero traer a mi familia aquí, sólo quiero volver algún día” afirma.
Idrissa tiene otra manera de afrontar el problema y tiene planes concretos. Ha comprado un terreno en su ciudad natal y quiere montar allí un colegio privado, con cantina y una pequeña tienda. Esa ilusión le mantiene vivo y ha dibujado los planos en su cabeza una y mil veces: sabe cuantas aulas le caben y qué mide cada una de ellas. Tiene un sobrino que es maestro y sabe lo que quiere: “El problema de mi tierra es que no tenemos una bomba de agua, ni sabemos cómo sacar más rendimiento al campo cuando hay sequía, pero tenemos dos ríos enormes que hasta son navegables. Llevando la tecnología y la formación allí resolveríamos muchos problemas”.
Empresarios piratas
Ahora ambos están muy preocupados porque no saben cómo podrán hacer frente al crédito hipotecario de las casas que compraron en 2007, y que suponen prácticamente el 70%del subsidio de desempleo. Ellos tenían un contrato por obra que consiguieron que fuera fijo cuando tenían que comprar las casas. Diakarida cuenta el episodio de cómo consiguió que su empresa le hiciera un contrato fijo: “Yo necesitaba un contrato fijo para que el banco me diera un préstamo y mi empresa me contrató pero pasé de cobrar 1.300 euros netos a 950”.El empresario justifica la rebaja de sueldo diciendo que “un contrato fijo da muchos derechos”. Lo que realmente ocurre es que se le rebaja la categoría y pasa cobrar como peón quien antes estaba contratado como oficial de primera. “Son piratas” afirma Idrissa con contundencia.
Una vez ya tenía el piso comprado, Diakarida volvió al solicitar a la empresa que le hicieran un contrato por obra, pues con 950 euros al mes no podía hacer frente a sus deudas. Ahora los dos están en paro. Consumiendo sus ahorros y su tristeza a miles de kilómetros de distancia de sus familias. ![]()
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