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Sumario nº 42
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Toxieconomía

La palabra tóxico es de origen griego y significa veneno. Los antiguos griegos llamaban toxicon a las sustancias vetetales o restos de cadáveres con que contaminaban la punta de las flechas para hacerlas más mortíferas.

Todas las cosas pueden ser un veneno, depende de la dosis. Con esta rotundidad Paracelso, sentaba en el siglo XVI una de las bases fundamentales de la toxicología científica, la disciplina que estudia la nocividad de los agentes químicos sobre los seres vivos.

Por extensión cada vez se utiliza más el calificativo de tóxico para denominar situaciones negativas para la salud de las personas, y hablamos de casas tóxicas, amores tóxicos o jefes tóxicos, en un sentido divulgativo.

Pero hay quién vamás allá y trata de aplicar con todo rigor el principio de la toxicidad universal de Paracelso al campo de la sociología, la economía o la política. Los resultados son de tanto impacto y su potencial para airear las vergüenzas de los poderes fácticos tan grande, que uno sospecha inmediatamente las razones por las que no abundan estos incómodos estudios.

ilustracion

Este verano ha visto la luz un trabajo muy serio, realizado por investigadores de las Universidades de Cambridge y de Yale, que viene a sustentar, con profusión de datos y un riguroso análisis epidemiológico, la tesis de toxicidad aplicada nada menos que al Fondo Monetario Internacional (FMI).

Vean algunas conclusiones. Según los datos analizados, procedentes de países del este europeo, participar en un programa del FMI supone incrementar en un 13,2% la incidencia de la tuberculosis respecto a los países que no reciben prestamos de dicho fondo. Ahí es nada, el FMI como factor de riesgo para la salud de las personas. Pero hay más, por cada año adicional de participación en un programa FMI las tasas de mortalidad por tuberculosis se incrementan en un 4,1% y en un 0,9% por cada punto porcentual de aumetno de la deuda. Por si quedaban dudas, relación dosis-respuesta. La explicación que proponen los autores tiene que ver con la reducción del gasto sanitario a que se ven obligados los gobiernos para cumplir con las estrictas prescripciones que les impone el FMI. Un sistema económico tóxico.

En estos tiempos de hipotecas subprimes, en que tanto se habla de créditos tóxicos, conviene no perder de vista la verdadera toxicidad de la crisis. No para la salud de los bancos, sino para la salud de la gente: paro tóxico, precariedad tóxica, empobrecimiento tóxico... E inyectar soluciones también para esto.

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