Dossier: Enfermedades laborales
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FERNANDO RODRIGO En 2008 se han reconocido 18.700 enfermedades profesionales. Una cifra que está aún por debajo de las 21.905 reconocidas en 2006 y de las 91.000 que realmente se producen en España según las estimaciones de un estudio elaborado por ISTAS. ¿Qué está pasando para que sigan sin reconocerse ni declararse la mayor parte de las enfermedades relacionadas con el trabajo y muy especialmente las graves y mortales? Pues sencillamente que no hay voluntad de hacerlo. Hay un viejo aforismo que dice que no se encuentra aquello que no se busca. Con las enfermedades profesionales sucede exactamente eso. Ni las empresas, ni las mutuas, ni las administraciones públicas sanitarias y laborales de las comunidades autónomas las buscan y por lo tanto no las pueden encontrar. Y como lo que no se reconoce no existe, el corolario es que no se previene. Con lo cual en nuestro país se da la paradoja de estar entre los que más accidentes de trabajo sufre en la Unión Europea, pero ser el que menos enfermedades profesionales declara. Gracioso si no fuera triste y doloroso por lo que hay detrás de ello. La lucha para conseguir que las enfermedades profesionales sean visibles está siendo titánica porque también es ingente el esfuerzo que desde distintas instancias se hace para ocultarlas. Son los propios trabajadores enfermos quienes se tienen que enfrenta a la incomprensión y al desconocimiento de todos, son los delegados de prevención, los comités de seguridad y salud y los gabinetes del salud laboral del sindicato los que les prestan asistencia en una lucha de David contra Goliat: las empresas y las mutuas no quieren admitir lo que muchas veces es evidente y la Administración se llama andana. Los médicos y los investigadores hacen una contribución importante pero se encuentran inmersos en una lucha que no encaja con la metodología científica: “los jueces y abogados exigen causalidades exclusivas entre condiciones de trabajo y enfermedad, y ese tipo de relaciones no existen en la ciencia” explica el Dr. Miquel Porta en este dossier. Y lo peor de todo: no sólo no se reconocen las enfermedades laborales, es que, cuando se reconocen, las empresas se resisten a cambiar las condiciones de trabajo que las han generado, con lo cual, más tarde o más temprano, acabarán produciendo efectos similiares en otros trabajadores o en los mismas personas una vez se reincorporan a puestos de trabajo –estos sí– enfermos. La actual situación de crisis económica constituye un caldo de cultivo
para darle una vuelta más de tuerca a las condiciones de trabajo y relajar
las políticas preventivas, así al menos lo considera la patronal. Con la
excusa de combatir el llamado absentismo laboral, se fuerza al presentismo
(ir al trabajo aunque se esté enfermo, por el temor al despido en un tiempo
de desempleo masivo) y los efectos de esto sobre la salud de los
trabajadores y trabajadoras son muy negativos. Es indudable que hay que
enfrentarse a este estado de cosas. Denunciarlo, como se hace en este
dossier, es pone la primera piedra para que se abra un debate en el que sea
posible buscar soluciones y acometer de manera decidida el principal problema de salud que sufren los trabajadores y trabajadoras: las enfermedades de origen laboral.
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