Dossier: Trabajo y sufrimiento
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FERNANDO RODRIGO Tiempos difíciles éstos en los que tener un trabajo parece un privilegio. El desempleo, o el temor a sufrirlo, predispone a los trabajadores y trabajadoras a evitar situaciones o comportamientos que lo puedan hacer peligrar. Incluye ello, por ejemplo, acudir al trabajo estando enfermo (presentismo), aceptar condiciones de trabajo penosas e incluso inadmisibles. Es la presión del contexto laboral, social y mediático. Pero es también, y sobre todo, una determinada estrategia empresarial que vuelve a cargar la mano en los trabajadores y trabajadoras. La crisis agudiza el sufrimiento de las personas, como podremos leer en los varios testimonios que forman parte de este dossier. Pero el sufrimiento en el trabajo, como expone Christophe Dejours, es estructural al modelo social y laboral que hemos configurado a lo largo de los años. Desgraciadamente no es coyuntural a la crisis económica y por tanto no desaparecerá cuando la superemos. Hacen falta comportamientos y políticas sociales conscientes y activas para luchar por un modelo alternativo en el que la centralidad del trabajo sea una realidad y por tanto lo que le suceda a las personas en ese contexto tenga la relevancia social y política que merece. Eso implica dar la batalla en todos los terrenos, también en el ideológico y conceptual. La ideología neoliberal ha promovido, con éxito, que el sufrimiento provocado por el trabajo sea vivido por las personas como un hecho individual y no social y colectivo. Se trata de que la persona lo perciba como un fracaso producto de su propia biografía. Cuando eso se consigue ya tienen gran parte del trabajo hecho. Con un diagnóstico así, las soluciones caen por su propio peso. Es así como mayoritariamente tratan de presentarnos lo socio-laboral: los salarios bajos como resultado de nuestra escasa preparación; los accidentes de trabajo por error humano, distracción o incluso por ir bebidos; la pérdida del empleo porque no trabajamos duro para que nos renueven el contrato o porque somos poco productivos. Se niega, incluso, el hecho de la enfermedad laboral. Las patologías mentales, por ejemplo, simplemente no existen, son producto de la fragilidad psicológica de las personas. Hasta se ha llegado a acuñar el término –y la figura, en la vigilancia de la salud– del “trabajador/a sensible” para referirse a las personas que acusan en su salud los efectos de las malas condiciones de trabajo. No hay trabajos penosos, hay personas débiles.
Sí. El sufrimiento existe por más que traten
de mantenerlo oculto. Tiene cara y ojos y obedece a algunos patrones que se
pueden identificar y que se corresponden con unas prácticas de gestión de la
mano de obra que anulan al ser humano y sus derechos. Existen muchos
estudios que aportan evidencia acerca de los impactos en la salud de las
personas desempleadas. Pero en este dossier presentamos también el
sufrimiento de las personas que mantienen un empleo. No tener trabajo nos
daña la salud, tenerlo no nos la garantiza. Franns, tenía empleo, trabajaba
12 horas sin seguridad social y ganaba 700 euros al mes, su brazo acabó en
un contenedor de basura y él abandonado por su patrono a 100 metros de la
puerta de un hospital. Sí, el sufrimiento existe y a veces la realidad
supera a la ficción, como en nuestras peores pesadillas.
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